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Postales de mi vida coloreadas a mano. El líder

19 agosto, 2015, por

El recuerdo

Aeropuerto de Barcelona, una noche de 1987, último vuelo a Bilbao. Anuncio de retraso: 5 minutos. Nuevo anuncio de retraso: 20 minutos. Retraso adicional: sin indicación de plazo. Los pasajeros, tarjeta de embarque en mano, murmuran, mascullan improperios y hacen aspavientos. Iberia convoca a una breve alocución: “la aeronave prevista no llegará a tiempo – el aeropuerto de Bilbao tiene hora de cierre; los viajeros pueden tomar el autobús hasta su destino con cargo a su billete de avión”. Todos protestan. Alguno pregunta quién se apunta a alquilar un coche con él y, enseguida, un grupo ansioso se encamina hacia una solución a su medida. Otros, claman que han pagado billete de avión para volar y que no llegarán a destino de otro modo. Iberia responde que los que no partan de inmediato en coche o autobús, podrán coger el avión de la mañana. Algunos se sienten aliviados; otros, se preguntan en alta voz: “¿no está ese vuelo completo todos los días? ¡No habrá plazas para nosotros!”. La decepción y el desconcierto se apoderan de los rostros compungidos: cada uno aspira a encontrar su propia solución.

De pronto, la voz de un pasajero se alza inesperada: “¡Nos quieren separar! ¡Sigamos unidos! ¡Unidos tendremos fuerza y podremos negociar!”. Se hizo un silencio expectante y reflexivo: algo podía pasar, pero algo que implicaba un cambio de actitud en cada uno: ¡cesión de poder – aunque inerme, mío propio – en aras de la unidad imprevisible! Su voz era suave, pero firme e inducía confianza. “Aquí estamos pasajeros para completar un vuelo y hay un avión dispuesto para nosotros que simplemente llega tarde. Durmamos a cargo de Iberia y, mañana, que despeguen dos aviones a la misma hora con destino a Bilbao: el programado y el nuestro”. Iberia aceptó: ambos aviones se designaron con el mismo número de vuelo, el segundo, añadía un “bis” a su código. Hubo una sensación general de alivio, pero también de triunfo sobre circunstancias adversas y de victoria sobre poderes establecidos que se aprovechan de su fuerza… y todos nos tuteábamos excitados, porque además nos sentíamos unidos.

 La consecuencia

Aprendí que el líder surge porque tiene algo que aportar y porque se siente llamado a compartirlo; que piensa como uno, pero piensa para todos; que se expresa con templanza, porque la razón está de su parte; que promueve la reflexión, porque invita a una unidad que requiere la voluntaria cesión de autonomía; que desprecia las soluciones esplendorosas y se centra en las posibles, porque no busca la gloria, sino el éxito compartido; y que no las alcanza por sí solo, sino por la contribución de quienes le apoyan.

Pensé que los líderes no abundan, porque la comprensión, visión y razón compartidas son bienes escasos. Sin esos atributos, no hay unidad y liderazgo, sino la molicie del estúpido bajo la preeminencia del necio.

Entendí que los líderes son efímeros, porque están subyugados a su causa: cuando la causa cesa, el liderazgo se desvanece… y que el líder sin causa es un loco peligroso.

Comprendí que no hay liderazgo sin riesgo, porque no hay comprensión que todo lo abarque, ni visión que no incluya dolor, ni razón que todo lo explique, ni mente que nunca se ofusque, ni corazón que nunca se rinda, ni persona que nunca caiga en sus propias trampas.

Imaginé al dios del azar que gobierna el mundo poniendo ángeles alados sobre cada líder honesto: la garantía innecesaria de un dios sin preferencias y la metáfora de una humanidad que busca su trascendencia en lo pragmático.

Ahora, miro a menudo a lo alto para sorprender al ángel que no llega: si oigo tenues aleteos en la noche, son de cárabos y lechuzas, no de custodios insomnes; y si escucho susurros en las sombras, son de amigos fieles, no de espíritus excelsos. Mientras espero su llegada, no hay día en que rehúya el riesgo ni noche en que no vislumbre el fracaso… y que así sea, porque el sueño del fracaso ilumina la razón. Y cuando miro a los que me siguen, ardo en el anhelo de no defraudarles y de nunca encarnar la preeminencia del necio.

© Juan José Marcos Muñoz

Juan José Marcos Muñoz

Es el promotor de Bestaker.com y el emprendedor que está detrás del proyecto Visión de Davalor Salud. >>Más información

Photo credit: jurvetson via photopin cc

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